Una ex-polola que trabaja investigando en el área de educación, me contaba sobre el desastre existente en las escuelas en Chile, de cómo la necesidad de aumentar el puntaje en las pruebas SIMCE ha destruido la educación. El asunto no es difícil de imaginar: No hay forma de medir la calidad de la educación integralmente, y cada mecanismo que se crea tiene que escoger ciertos «indicadores» que nos informen sobre la realidad. Así, por ejemplo la salud se mide respecto a la cantidad de personas que van a los hospitales, mortalidad infantil, expectativas de vida, etc., pero sin embargo, siembre hay datos que quedarán fuera, por ejemplo, la gente que se enferma y no va al médico.
Con el SIMCE ocurre lo mismo: La prueba debe escoger ciertos indicadores para informar sobre la calidad de la educación que están recibiendo los estudiantes de una escuela específica. El problema es que los resultados de esa prueba afectará a la subvención del establecimiento, a los sueldos de los profesores y la cantidad de alumnos que querrán ingresar ahí. Por eso, las escuelas se esfuerzan en subir el puntaje en el SIMCE. ¿Cómo lo hacen? ¿Mejorando la calidad integral de la educación? No. Ponen sus esfuerzos en los indicadores.
Así, aumentan las horas de matemáticas, aumentan las horas de lenguaje, y se centran casi exclusivamente en los temas que son abarcados por el SIMCE, lo demás queda fuera…
Ella misma me contó sobre esta interesante iniciativa que se había realizado: Fortalecer a los apoderados para que se negaran, con justos motivos, a drogar a sus hijos:
Lucha comunitaria contra “la droga de la obediencia”
Si les digo que un grupo de pobladores, apoyados por investigadores de una Universidad se han movilizado para luchar contra la drogadicción de sus hijos, parecería un problema social común con una solución conjunta, sin embargo, en este caso los proveedores e inductores al consumo son la escuela y los sistemas de salud. Aquí, un breve relato de la pelea contra el sobre diagnóstico del déficit atencional y el abuso en el uso del Ritalín.
Si bien el trastorno por déficit atencional, según se encuentra definido en el DSM-IV-TR, debería presentarse entre el 2% y 4% de los niños y niñas, en Chile se encuentran situaciones donde sobre el 20% de los alumnos se encuentran sometidos a tratamientos farmacológicos por este trastorno.
Todos conocemos el Ritalín, que también se presenta como Concerta o Aradix, una droga en base a anfetaminas que serviría para ayudar a los niños con déficit atencional. La correcta aplicación del medicamento resultaría en un niño o niña más atento y con capacidad de focalizar su atención como lo puede hacer cualquier persona, sin embargo, las propias familias de los alumnos son las primeras en notar que los pequeños se comportan como adormecidos, más lentos, «atontados» o como zombies.
Esta inquietud fue la que llevó a algunos integrantes del movimiento de pobladores sin techo de La Pintana (MPST) a organizarse contra la sobre medicación de esta droga, realizando junto al Grupo de estudios y trabajos en educación popular (GETEP) de la Universidad de Chile, talleres y un díptico informativo, que permitió fortalecer a la comunidad y darle argumentos para rebatir las presiones de las escuelas por drogar a sus hijos.
La sala de la drogodependencia
El sistema educacional está en crisis, claramente tenemos a profesores estresados con una sobrecarga horaria y con un número irracional de alumnos al interior de la sala de clases, lo que hace que mantener el «control» en el aula sea muy difícil, lo que ha llevado al intento de medicar a los niños y niñas para poder hacerlos las «dóciles» al interior de la sala de clases. Pero ellos no son los únicos drogados: Existe además una alta tasa de profesores que se encuentran en tratamientos con antidepresivos y ansiolíticos. (Claro y Bedregal, 2003)
Básicamente tenemos una sala de clases, que debería ser un ambiente de ameno aprendizaje, llena de personas drogadas, tanto docentes como alumnos, y ni siquiera lo están pasando bien. O sea, el momento de la vida donde los niños deberían estar más atentos y llenos de entusiasmo hacia el aprendizaje, se encuentran bajo medicamentos que los adormecen.
El déficit atencional
A nivel mundial existe un aumento del porcentaje de diagnóstico del trastorno de déficit atencional, sin embargo, se reconoce una clara incidencia por parte de los laboratorios en la opinión de médicos generales, neurólogos, psiquiatras, psicólogos, psicopedagogos y profesores, que han llevado a que el diagnóstico de este trastorno se realice en la gran mayoría de los casos a la ligera.
El principal instrumento que se utiliza para el diagnóstico junto con la observación clínica es el test de Conners, que básicamente es un checklist conductual. Lamentablemente el test, que se usa habitualmente, no ha sido estandarizado en Chile, por lo que se cuestiona directamente su validez. Asimismo, la misma existencia del trastorno ha sido cuestionada en su definición medica, ya que no se ha encontrado, hasta el momento, un sustrato biológico que justifique los síntomas y conductas asociadas al déficit atencional.
La lucha
El gran problema de los padres para oponerse a la medicación indiscriminada de sus hijos, ha sido en primer lugar, la falta de conocimiento, y por lo tanto la carencia de argumentos para oponerse a los «sistemas expertos» representados por los profesionales de la educación y los de la salud, a pesar de que en general las familias pueden reconocer el daño que el medicamento está provocando en sus hijos. En segundo lugar, existe la práctica ilegal por parte de las escuelas de condicionar la matrícula de los niños a que estos asistan a un tratamiento por el supuesto déficit atencional.
Estos son los elementos que los pobladores, al organizarse e informar, han atacado directamente, realizando talleres orientados a la difusión y que busca organizar a los padres y apoderados para que puedan enfrentar en posición de equidad a la escuela, para asegurar que a sus hijos no se les discrimine ni se les medique innecesariamente.
El camino difícil
Sin embargo, esto no significa dejar todo en mano de profesores, un niño que no está aprendiendo requiere de mayor apoyo familiar, y por lo tanto se necesita que los padres y madres tomen una posición más activa en la educación de sus hijos, haciéndose cargo del proceso de los niñas y niños.
Por lo tanto, esta organización no busca solo satanizar las conductas de las escuelas, sino que busca crear lazos entre profesores, padres y alumnos, para volver a humanizar la educación, para que las aulas dejen de ser un espacio de zombies para transformarse nuevamente en un espacio de comunidad.
Saludos
J. Cristóbal Juffe V.
Fuentes:
- Programa radial «alerta educativa» Nº 12, Opech
- Artículo Opech
- Triptico MPST
- Artículo en «El ciudadano»
- Claro, S. y Bedregal, P. (2003). Aproximación al estado de salud mental del profesorado en 12 escuelas de Puente Alto, Santiago, Chile
Este artículo fue publicado originalmente en Mayo del 2011 en el sitio de C.U.V.A
Fotografía (cc) de: sparktography