Cuando me preguntan a quién admiro digo Eduardo Galeano. No solo porque escriba bien, sino por su historia de escritura.
En su momento me sorprendió con un libro como Las Venas Abiertas de América Latina un exhaustivo recorrido por la dolorosa historia del continente, lleno de datos, explicado hasta el más mínimo detalle, para todos aquellos que habíamos creído en los libros de historia, esa escrita por los opresores.
Y años después ha madurado, de la mejor forma que un escritor puede crecer: Acortando sus palabras. Escribiendo menos y diciendo más.
El hace un puente con las palabras, las escoge de una manera mágica para que hagan crecer significantes en nuestro interior, unos significantes como raíces, que se posan en el cerebro pero que buscan camino hasta que encuentran su fuente vital en el corazón. Palabras indestructibles. Palabras hermosas.
Yo, que trato de escribir, admiro a Galeano, y este es uno de mis fragmentos favoritos.
Los Nadies
Publicado originalmente en Agosto del 2006 en mi blog «Selecciones… Lo mejor de nuestras redes»
Sueñan las pulgas con comprarse un perro y sueñan
los nadies con salir de pobres, que algún mágico día
llueva de pronto la buena suerte, que llueva a cántaros
la buena suerte; pero la buena suerte no llueve ayer, ni
hoy, ni mañana, ni nunca, ni en lloviznita cae del cielo
la buena suerte, por mucho que los nadies la llamen
y aunque les pique la mano izquierda, o se levanten
con el pie derecho, o empiecen el año cambiando de escoba.
Los nadies: los hijos de nadie, los dueños de nada.
Los nadies: los ningunos, los ninguneados, corriendo la liebre, muriendo la vida, jodidos, rejodidos.
Que no son, aunque sean.
Que no hablan idiomas, sino dialectos.
Que no profesan religiones, sino supersticiones.
Que no hacen arte, sino artesanía.
Que no practican cultura, sino folklore.
Que no son seres humanos, sino recursos humanos.
Que no tienen cara, sino brazos.
Que no tienen nombre, sino número.
Que no figuran en la historia universal, sino en la crónica roja de la prensa local.
Los nadies, que cuestan menos que la bala que los mata.
Relato tomado del libro «El libro de los abrazos» de Eduardo Galeano.
Fotografía de cabecera (cc) por: CHIMI FOTOS