El cruel amor

 

Cargo en mi corazón la felicidad y el calor de saber que he amado y he sido amado.

Llevo en mi los trocitos de amor incrustado que han dejado en mi las maravillosas personas que han compartido conmigo.

En esta ocasión no me refiero al amor universal ni al fraternal, sino al complejo amor de pareja.

Aquel amor que nace en forma de enamoramiento, de cosquillas en la guata, de atracción magnética, de obsesión, de necesidad imperiosa del otro. De un otro que no conocemos para nada.

Nos sentimos absorbidos por el misterio de un ser desconocido pero que nos encandila, no logramos pensar en otra cosa, nos acercamos hasta unirnos.

Luego viene el durante que tiene infinitas posibilidades, un millón de caminos distintos. En eso no me meteré.

Y tarde o temprano, para casi todas las relaciones, viene el momento de la separación, del quiebre, del adiós.

Llegado el momento nos despedimos, por un motivo u otro, de un ser conocido. De una persona que conocemos perfectamente, sus defectos y virtudes, y que finalmente dejamos porque hay algo en esa persona que no aceptamos.

Así de cruel es el amor. Amamos lo desconocido y rechazamos lo que ya conocemos.

No siempre, pero las suficientes veces como para saber que el amor no solo es amoroso.

 

 

Fotografía de cabecera (cc) por:  Andreas-photography