Encargo

 

La difícil decisión de dejar a alguien. Alguien que quieres y que solo un par de palabras más adelante puede borrarse del plano para siempre, como si fuera una muerte. Una muerte privada, solo para uno, pero una muerte al fin.

Reconocer «quiero otra cosa» a pesar de que esto me gusta. ¿Cómo saber?. ¿Cómo es posible dejar algo real por algo imaginario? Aunque la emoción no es imaginación. La guata sabe. Pero la lógica reclama y el corazón se retuerce.

Recuerdo en un antiguo suplemento «La Zona de Contacto» una columna llamada «Sentimientos encontrados». En una ocasión el autor hablaba sobre las relaciones (en realidad siempre hablaba sobre las relaciones) y la comparaba con meter la mano en una bolsa y sacar un número: La primera vez sacaste un seis, la siguiente un quince. Cuando creías que habías alcanzado el cielo con un treinta de pronto sacabas un ochenta.

¿Cómo saber lo que uno tiene si no sabe cuál es la escala de las relaciones posibles?

Es una pregunta sin respuesta para el intelecto. Solo puede haber un corazón satisfecho o no. Creo yo.

Me siento un poco a estas alturas como Oliverio de «El lado oscuro del corazón» buscando a la mujer que vuela, mientras la muerte trata de convencerlo de que lo único que logrará con ese empecinamiento será quedarse solo.

Este poema lo publiqué originalmente en Mayo del 2011, en Selecciones… Lo mejor de nuestras redes

 

Encargo

Julio Cortázar

No me des tregua, no me perdones nunca.
Hostígame en la sangre, que cada cosa cruel sea tú que
vuelves.
¡No me dejes dormir, no me des paz!
Entonces ganaré mi reino,
naceré lentamente.
No me pierdas como una música fácil, no seas caricia ni
guante;
tállame como un sílex, desespérame.
Guarda tu amor humano, tu sonrisa, tu pelo. Dálos.
Ven a mí con tu cólera seca de fósforos y escamas.
Grita. Vomítame arena en la boca, rómpeme las fauces.
No me importa ignorarte en pleno día,
saber que juegas cara al sol y al hombre.
Compártelo.

Yo te pido la cruel ceremonia del tajo,
lo que nadie te pide: las espinas
hasta el hueso. Arráncame esta cara infame,
oblígame a gritar al fin mi verdadero nombre.

 

Fotografía original de cabecera (cc) por: Javier Volcan

El poema es de Julio Cortázar y al él le pertenecen todos los derechos. El poema ha sido publicado aquí solo con fines de difusión.