La Luna y el Sol

 

 

“Para mí, los ciclos de la naturaleza atañían sólo al paso de las estaciones.
En invierno, el abrigo; en verano, las sandalias. Sólo eso. A raíz de mi boda adquirí, junto con una compañera, un nuevo concepto de periodo: las fases de la luna.”
– Del libro Crónica del pájaro que da cuerda al mundo de Haruki Murakami

 

Yo soy estable. Emocionalmente estable. Casi plano. Esa es la sensación que muchos hombres tenemos de nosotros mismos, sobretodo cuando nos comparamos con la variabilidad anímica natural de gran parte de las mujeres.

Muchas veces la aparente estabilidad masculina es usada como una forma de devaluación hacia la mujer y sus cambios, como si un estado fuera mejor que otro. En el mundo laboral, por ejemplo, en general se le pide a la mujer que sea un hombre, que no se “note” sus características femeninas, o por lo menos esas, ya que de todas formas se le pedirá -en la muchos casos- que use zapatos de taco alto y falda.

Pero la estabilidad masculina es una mentira, una fachada tan ancha y notoria como el estuco facial de una adolescente con muchas espinillas y camino a su fiesta de graduación. Una simple forma de decir aquí no pasa nada. Un revoque tan grueso que la mayor parte del tiempo sirve incluso para engañarnos a nosotros mismos y nos levantamos y decimos “Todo está bien, tenemos que seguir adelante” con un optimismo infundado que muchas veces raya en la ceguera.

Por eso me gusta esta cita de Murakami, porque muestra el encuentro de dos mundos: Del tiempo solar con el del tiempo lunar. En el tiempo solar cada día es día y cada noche es noche, los tiempos van variado levemente durante seis meses y luego regresan. En el tiempo lunar cada noche es notoriamente diferente, la luna saldrá a otra hora y con otra luz sobre su rostro.

Si uno observa bien, puede llegar a conocer los ciclos lunares y sumergirse en ese tiempo.

Hace un par de meses leí un artículo muy interesante en la revista Somos* que planteaba la auto-reivindicación femenina del periodo menstrual tomándolo como un camino de crecimiento, como una oportunidad de mirar la vida desde el otro lado, desde la sensibilidad, incluso quizás desde la necesaria mirada pesimista, rabiosa o intolerante. ¿por qué no? ¿Es acaso “bueno” estar siempre como una estatua inamovible?

Esto es lo que muchas veces nos falta a los hombres.

Yo soy estable. Emocionalmente estable. Casi plano muchas veces. Esa es la sensación que a veces me queda al observarme. Hay una fuerza vital -quizá algún legado evolutivo que nos llevaba a enfrentarnos contra bestias para sobrevivir o algo así- que no me deja ver muchas veces el lado negativo, darme cuenta de las cosas que están realmente mal.

Entonces, ¿Cómo noto cuando pasa algo importante?
Autodestrucción.

De pronto estoy comiendo demasiada porquería, derrochando mi energía sexual, cansándome inútilmente para luego dormir… básicamente intoxicándome. Esas son señales de que pasa algo.

Mucho tiempo yo pensé que estos síntomas eran solo una forma de “compensación” frente a una situación que no me satisfacía, ahora lo entiendo de otra forma: Estoy debilitando ese estuco que me cubre. Estoy enfrentándome a mi propia fuerza del optimista ciego y estúpido.

Y aquí es cuando entra en juego la resaca, la caña: Intoxicarse para que luego, al día siguiente, verse forzado a ver la vida desde el otro lado. La resaca como una menstruación auto impuesta, como una oportunidad de dejar el show y por un momento pensar: Estoy mal, esto está mal.

El Sol.
La Luna.
Los ciclos…

 

J. Cristóbal Juffe V.

 

* – El ciclo menstrual como camino de autoconocimiento, Por Sanahí. Revista Somos de Agosto de 2012.

 

Fotografía de cabecera (cc) por:  mag3737