La Talla

Precisión a nivel molecular, medir el tamaño de galaxias lejanas y saber exactamente cuánto mide una mitocondria: Hemos alcanzado avances asombrosos en nuestra capacidad de medir.

Hemos logrado, como humanidad, ponernos de acuerdo en cosas sorprendentes que a esta altura ya son un un estándar: Normas de medición de espacio, de peso, de tiempo. En todas partes del planeta un segundo dura lo mismo, y aunque un par de países no lo adopten como sistema oficial, todos saben cuanto mide un metro.

Hace muy poco incluso todas las compañías que fabrican celulares (menos una, la de la manzana) se pusieron de acuerdo y ahora todos los teléfonos y tablets usan el mismo cargador.

Pero pasan los años y aunque mejoren las comunicaciones globales y la tecnología de medición, hay algo que sigue siendo extrañamente variable: Las tallas

Un zapato talla cuarenta y dos no será lo mismo si lo fabricó un alemán que si lo hizo un chino. Una camisa S podrá tener muchos kilos de diferencia (en el usuario) dependiendo de su fabricante. Mi cuerpo es el mismo, pero un día uso un pantalón talla cuarenta y dos, y al día siguiente usaré uno cuarenta y seis e incluso uno cuarenta y ocho. Y mi cuerpo no ha cambiado.

Ese es mi reclamo post navideño, que me llevará de regreso a las tiendas en busca de “el cambio”, una odisea equivalente a la de las compras navideñas.

 

Fotografía de cabecera (cc) por: www.modadesnuda.wordpress.com