Los que no nos atrevemos

 

Reconozco que conozco poco a Bertoni. Una amiga me lo mencionó más de alguna vez y poco la pesqué, hasta que me citó el poema «Me ahogo en un vaso de agua. Pero me ahogo» (ese es todo el poema) y luego lo aprendí a querer un poco más al leer una entrevista que le hicieron en The Clinic.

Me gusta este poema. Porque yo muchas veces soy de los que no se atreven.

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Los que no se atreven

Claudio Bertoni

Los que no se atreven a pedirle al chofer que baje
el volumen de la radio
que la cumbia nos está matando
que el regaetton nos está matando
los que no se atreven a abrir la ventanilla de la micro
por temor a que no se abra y las niñas piensen que uno
es un debilucho malo para la cama un impotente un
mariquita que no tiene fuerzas ni para abrir la ventana
de una micro
los que no se atreven a cerrarla por la misma razón o
por temor a que algún otro pasajero se oponga y lo
insulte o le ofrezca incluso puñetes
los que no se atreven a negarle una moneda o dos
al trovador criollo que aporrea una guitarra que dan
ganas de partírsela en la cabeza o precisamente porque
canta y toca como las pelotas entonces hay que darle
con mayor razón
los que no se atreven a negar una propina por miedo a
pasar por avaro pobre ave o muerto de hambre
los que no se atreven a decirle al chofer que no corra
tanto
que chante la moto
que no somos animales
somos seres humanos y viejitas y viejitos y señoras
embarazadas
los que no se bajan inmediatamente de una micro a
la que se subieron por equivocación por miedo a que
los pasajeros se den cuenta y se rían y lo indiquen con
el dedo pensando que uno es un pobre imbécil que ni
siquiera sabe subirse a la micro que corresponde
los que no se atreven a mirar a una mujer por miedo a
ensuciarla con el deseo de la mirada
los que no se atreven a mirar a una mujer por temor a
ofenderla
los que no se atreven a sentarse a su lado por temor
a que ella y los demás también piensen que uno se
aprovecha del asiento vacío a su lado
los que no se atreven a negar una limosna por miedo a
que Dios lo vea y se lo cobre el Dia del Juicio Final
los que no se atreven a pedir que apaguen la
calefacción del bus
los que no se atreven a pedir que apaguen el aire
acondicionado del bus
los que no se atreven a pedir la moneda de a cinco que
falta en el vuelto
los que no se atreven a decir que le aprieta el zapato
que el vendedor dice que le queda tan bien
los que no se atreven a llevarle la contra a ningún vendedor
los que consideran a los cajeros y cajeras a los
inspectores de micro y cualquiera que cobre
algo detrás de una ventanilla como a seres
inobjetablemente superiores
los que no se atreven a mostrar dolor cuando se pegan
en las canillas o se dan un cabezazo en público en
cualquier parte
los que no se atreven a estar en franco desacuerdo con
su interlocutor acerca de nada
los que no se atreven a decir no bajo ninguna
circunstancia
los que no se atreven a orinar en el bus por miedo a que
los pasajeros piensen que uno es un cerdo antiestético
capaz de protagonizar semejante cochinada
los que no se atreven a reprocharle a un amigo que les
devuelve un libro en mal estado
los que no se atreven a reprocharle a un amigo que les
devuelve un libro subrayado
los que no se atreven a reprocharle a un amigo que no
les devuelve un libro
los que no se atreven a entrar en un recinto en que
están todos esperando que uno entre para mirarlo
los que no se atreven a contar un chiste por miedo a
que se les olvide el desenlace o se les trabe la lengua o
se lo encuentren fome
y los que no se atreven a escribir poemas como este por
miedo a que se lo encuentren fome también.

 

 

Fotografía de cabecera (cc) por: (cc) por: svenwerk