Aunque en facebook tengas dos mil amigos, todos sabemos que no es verdad. Nadie puede tener tantos amigos de verdad, no es posible. No se puede hacer la inversión de energía que requiere la amistad con tanta gente.
Promiscuidad para los tontos…
Nota escrita por mi y publicada originalmente en C.U.V.A. en Septiembre del 2011
Según los estudios del profesor de Antropología Evolutiva de la Universidad de Oxford: Robin Dunbar, las especies que tienen relaciones de parejas monogámicas tienen un mayor desarrollo cerebral, especialmente de la corteza frontal. ¿Por qué? ¡Porque es extremadamente complicado mantener una relación estable!
Y no es una broma. Diversos estudios en el área de experticia de Dunbar han demostrado que el cerebro de los primates y especialmente el humano evolucionó para poder manejarnos en la complejidad del mundo social.
Los seres humanos y los primates en general somos seres sociales por naturaleza, nuestra capacidad de “Cultura” se basa en la socialización de los conocimientos y la trasmisión de estos más allá de las posibilidades individuales.
¿Qué tan sociales somos?
El número que ha hecho famoso a Robin Dunbar lleva su apellido y tiene el valor de ciento cincuenta. El número de Dunbar señala que los seres humanos tenemos la capacidad de mantener ciento cincuenta relaciones significativas, lo que incluye a los amigos, compañeros(as) de estudio o trabajo y familia. Es decir, podemos mantener relaciones con ciento cincuenta personas diferenciables entre sí.
Lo que no es un número menor, sobretodo si indagamos en la naturaleza de estas relaciones, ya que la mayoría de los primates pueden mantener relaciones sociales con números más o menos parecidos de individuos, sin embargo, los seres humanos hemos traspasado a lo social una relación más profunda, que en las otras especies solo se da en las relaciones de pareja. Es decir, hemos utilizado los mismos mecanismos de comunicación y vinculación que los primates usan con sus parejas hacia todas nuestras relaciones sociales.
Esto nos permite tener una sociedad altamente compleja, con muchas características únicas de interacción.
¿Para toda la vida?
Frente a la tendencia a la monogamia del ser humano (que si bien en la actualidad cuesta visualizar como una relación para toda la vida pero por lo menos puede ser de varios años), hemos desarrollado la capacidad de predecir qué tan buena pareja ha de ser el espécimen al que estamos cortejando. De esta forma, gran parte de nuestra capacidad cerebral se utiliza en poder reconocer indicadores adaptativos del pretendiente, como: Salud, inteligencia, destreza física, juventud, capacidad reproductiva, etc.
El otro gran esfuerzo que tiene que hacer nuestro cerebro es para mantener una relación pacifica con nuestra pareja, por lo que se hace un gran despliegue comunicacional, permitiéndonos expresar en palabras sentimientos, simulación de situaciones futuras, planes, condiciones, contratos y expresar con palabras algunos actos. Sin embargo, en este sentido, desde los mismos estudios a los que refiere Dunbar, las caricias toman un rol importantísimo en nuestras relaciones.
El acto de acicalamiento en los primates ha sido traspasado a nosotros en forma de caricias, que tienen a darse en ambientes íntimos y que también son una excelente forma de comunicación, mucho más allá de las palabras. Y es esta misma función en los ambientes sociales amplios es llevada a cabo por la risa, la que remplazaría las caricias en los grupos de 3 o más individuos.
Al parecer, las especies que tienen promiscuidad sexual tienen que pensar menos… Cualquiera que haya estado en una relación de por lo menos un par de meses puede entender perfectamente los postulados de Dunbar.
Saludos,
J. Cristóbal Juffe.
Fuente:
– Redes para la ciencia «Supersociales por naturaleza». Una entrevista de Eduardo Punset que vale la pena ver.
Fotografía cabecera (cc) por: HarlanH