Realidades

 

Las palabras no son algo tan sencillo. Nuestras palabras construyen y reflejan estructuras mentales, formas de vida, emociones, sentimientos y experiencias. Si cuento muchas veces un recuerdo terminará convirtiéndose en una historia. La forma en que nos contamos nuestra propia historia marcará el tono emocional de nuestra vida.

Las palabras no son inocuas ni inocentes. No son neutras ni objetivas. Las palabras son el ADN de la experiencia: El sustrato del recuerdo.

Nunca olvidemos los límites de nuestra lengua madre.

 

Sintaxis

Publicado originalmente en Abril del 2007 en mi blog Selecciones… Lo mejor de nuestras redes

Un hombre mirando fijamente sus ecuaciones
dijo que el universo tuvo un comienzo.
Hubo una explosión, dijo.
un estallido de estallidos, y el universo nació.
Y se expande, dijo.
Había incluso calculado la duración de su vida:
diez mil millones de revoluciones de la Tierra alrededor del Sol.
El mundo entero aclamó;
hallaron que sus cálculos eran ciencia.
Ninguno pensó que al proponer que el universo comenzó,
el hombre había meramente reflejado la sintaxis de su lengua madre;
una sintaxis que exige comienzos, como el nacimiento
y desarrollos, como la maduración,
y finales, como la muerte, en tanto declaraciones de hechos.
El universo comenzó,
y está envejeciendo, el hombre nos aseguró,
y morirá, como mueren todas las cosas,
como él mismo murió luego de confirmar matemáticamente
la sintaxis de su lengua madre.

La otra sintaxis

¿El universo, realmente comenzó?
¿Es verdadera la teoría del Gran Estallido?
Éstas no son preguntas, aunque suenen como si lo fueran.
¿Es la sintaxis que requiere comienzos, desarrollos
y finales en tanto declaraciones de hechos, la única sintaxis que existe?
Ésa es la verdadera pregunta.
Hay otras sintaxis.
Hay una, por ejemplo, que exige que variedades
de intensidad sean tomadas como hechos.
En esa sintaxis, nada comienza y nada termina;
por lo tanto, el nacimiento no es un suceso claro y definido,
sino un tipo específico de intensidad,
y asimismo la maduración, y asimismo la muerte.
Un hombre de esa sintaxis, mirando sus ecuaciones, halla
que ha calculado suficientes variedades de intensidad
para decir con autoridad
que el universo nunca comenzó
y nunca terminará,
pero que ha atravesado, atraviesa, y atravesará
infinitas fluctuaciones de intensidad.
Ese hombre bien podría concluir que el universo mismo
es la carroza de la intensidad
y que uno puede abordarla
para viajes a través de cambios sin fin.
Concluirá todo ello y mucho más,
acaso sin nunca darse cuenta
de que está meramente confirmando
la sintaxis de su lengua madre.

Prefacio del libro «El lado activo del infinito» de Carlos Castaneda.

El texto pertenece a Carlos Castaneda y todos los derechos de la obra son de su autor. Aquí solo ha sido publicado a modo de referencia.

Fotografía de cabecera (cc) por: Edgar Rubio