Talentos

 

 

Simplemente quiero compartir dos historias sencillas sobre los talentos personales y la educación.

 

El primero, es un pequeño cuento de Alejandro Jodorowsky:

 

– Maestro, tengo un problema con mi hijo: Me trajo las notas del colegio, una alta calificación en dibujo y una pésima calificación en matemáticas.

– ¿Qué harás? – dijo el maestro

– ¡Lo pondré de inmediato a tomar clases particulares con un profesor de matemáticas!

– Necio, ponlo de inmediato a tomar clases particulares con un profesor de dibujo. Todos servimos para algo pero no todos servimos para lo mismo.

 

El segundo, es un extracto de la charla TED de Sir Ken Robinson sobre cómo las escuelas matan la creatividad:

…esto me trae a una conversación que tuve con una mujer maravillosa de la quizás no han oído hablar, se llama Gillian Lynne, ¿la conocen? Algunos si. Es coreógrafa y todo el mundo conoce su trabajo. Ella hizo «Cats» y «El fantasma de la ópera». Es fantástica. Yo solía estar en el concejo del Royal Ballet, en Inglaterra, como pueden ver. Almorcé con Gillian un día y le pregunté: «¿Cómo llegaste a ser bailarina?» Fue interesante, ella era incompetente en la escuela y la escuela, en los años 30, le escribió a sus padres diciendo «Creemos que Gillian tiene un trastorno de aprendizaje». No se podía concentrar, se movía nerviosamente. Creo que hoy dirían que tenía TDAH (Déficit de Atención). Pero esto era en los 30 y no se había inventado el TDAH. No era un trastorno disponible. La gente no sabía que podía tener eso.

Ella fue a ver a un especialista. Una habitación de paneles de roble con su mamá, la llevaron y la sentaron en una silla en el rincón, y ella se sentó sobre sus manos por 20 minutos mientras el hombre hablaba con su mamá sobre los problemas que Gillian tenía en la escuela. Ella molestaba a los otros, entregaba tarde la tarea, etc… Al final el doctor se sentó junto a Gillian y le dijo: «Gillian, escuché todo lo que tu mamá me dijo y necesito hablar en privado con ella». Le dijo: «Espera aquí, no nos vamos a tardar» y se fueron y la dejaron sola. Pero al salir de la sala, él encendió la radio que estaba sobre su escritorio. Y cuando salieron de la habitación, él le dijo a su madre: «Sólo espere y observémosla». Y en el momento en que salieron Gillian se paró y comenzó a moverse al ritmo de la música. Y la miraron por unos minutos y el doctor se volvió a su madre y le dijo: «Sra. Lynne, Gillian no está enferma, ella es una bailarina, llévela a la escuela de danza.»

Le dije: «Y ¿qué pasó?» Ella dijo: «Me llevó y fue maravilloso. Entramos a esta habitación y estaba llena de gente como yo. Gente que no se podía quedar quieta. Gente que tenía que moverse para pensar.» Practicaban ballet, tap, jazz, danza moderna y contemporánea. Eventualmente entró a la escuela del Royal Ballet, se volvió solista, tuvo una carrera maravillosa con el Royal Ballet, se graduó de la escuela y fundó su propia compañía, la Compañía de Danza de Gillian Lynne, conoció a Andrew Lloyd Weber. Ella ha sido la responsable de algunas de las obras musicales más exitosas de la historia, le ha dado placer a millones, y es multimillonaria.

Otro quizás la habría medicado y le habría dicho que se calmara.

 

Las reflexiones que se pueden hacer frente a estas historias son obvias, pero nunca lo suficiente.

Cuando escoges una educación para tus hijos, cuando los incentivas, los apoyas o les pones límites, ¿en qué estás pensando? ¿En sus talentos o en los que a ti te gustaría que tuvieran? ¿En su pasión o en lo que los demás esperan? ¿En su felicidad o en su la productividad? ¿En su plenitud o en lo que la sociedad llama éxito?

 

 

Fotografía de cabecera (cc) por: Lieven SOETE

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El cuento de Alejandro Jodorowsky ha sido usado solo con fines de difusión y los derechos de este pertenecen al propio autor.