¡Y vuelta!

 

Y hoy tenemos el honor de publicar un cuento inédito escrito por el presidente de nuestra corporación «Las Palabras»: J. Cristóbal Juffe.

Amablemente fue editado por el editor del sitio «Las Palabras»: J. Cristóbal Juffe V.

El diseño y la fotografía estuvo a cargo de nuestro publicador Web: J. Cristóbal Juffe V.

Y fue subido un día domingo por el junior de nuestra corporación. J. Cristóbal Juffe V.

 

¡Y vuelta!

Por J. Cristóbal Juffe V.

Juraría que es la misma… Sí, debería ir al registro civil o a la notaria o donde sea que tengan el registro.
Siempre hueviaban con lo de huaso weón, huasito del campo, que no entendía, que hacía todo distinto.
Al hablar no se me notaba, ¡Si Buin no es campo!, es una ciudad, son ellos los ignorantes que no saben, pero al tiro cuando dije que venia de Buin se imaginaron un campo, con gallinas y vacas, y al segundo de haber entrado en la sala quedé como el huaso Rodríguez
Hice como que me caía bien el nombre, hice chiste, pero siempre estaba ahí, recordándome que yo no era como ellos, siempre un paso atrás.
Yo llegaba con mi bici vieja y ellos tenían ya una mountain, y cuando fueron a mi casa, ¡cien veces más grande que sus jardines de ciudad!, corrimos, jugamos, ¡lo pasaron como nunca!, pero al tomar la once el weón del Ramírez se hacía el tonto y le sonreía a mi vieja, pero al día siguiente ya se estaba burlando diciendo “pónganse la shhhhaleca”, y el maricón del Francisco se le ocurrió meter el dedo en un hoyo en la pared: ¿Y tu casa es de tierra?, ¿por eso andai siempre tan cochino?.
Siempre he sido limpio, si yo vivía en una casa como la de ellos toda la semana, con mis tíos en Santiago, pero la talla pegó y entonces era huaso y cochino con casa de tierra.
Lo peor fue ese viernes, cuando a mi viejo se le ocurrió pasarme a buscar, en su Ford, una F100 del 76, su orgullo, pero comparada con el Peugeout 504 del López o el Citroen Visa de la Mamá del Nuñez, era casi un tractor… Aunque todos tenían ganas de subirse, cuando el Francisco dijo “el huaso móvil”, nadie se atrevió.
Finalmente tuve la mountain bike, pero ya a nadie le importaba, sobretodo a la paty que me gustaba todavía, que estaba mucho más interesada en la porquería de Fiat del Baquedano, donde terminó perdiendo la virginidad. ¡Que espacio de mierda!, en la camioneta de mi viejo si hubiéramos podido pasarlo bien de verdad… De puro picado lo digo, porque yo demoré como cinco años más en encontrar a una mujer dispuesta a meterse con el huaso.
Debería haber estudiado agronomía, todo lo decía: Tenía el campo, tenia la experiencia, pero estudié esa tontería de informática para demostrar, no sé a quien, que yo no era el huaso, que no les iba a dar la razón con eso de ¡anda a cultivar tus lechugas al campo!.
Lo logré, me compré un Nissan, pero entonces los hueones empezaron a andar en camioneta, y cuando nos juntamos para los diez años de egresados los invité a todos a mi nueva casa en Las Condes, los barrios de ellos, donde por fin me podrían mirar como un igual.
Pero ahora a todos se les había ocurrido comprarse parcelas, en Chicureo, en Batuco… en Buin. ¡Si hay que salir de la ciudad!, ¡esa forma de vida no es sustentable!, ¡Tenís que hacer compost aweonaoo, no podís estar tirando los desechos a la basura!, ¿Pa’ qué compraí verduras en el supermercado si podís tener tu propia huerta? ¿Cómo se te ocurre hacerte una casa de concreto, si el adobe es parte del entorno y no consume recursos!.
Si po, barro quieren los weones, ¡Ahora!… Y Francisco se lució como nadie: Miren la camioneta que tengo, reciclada y enchulada: Una Ford F100 del 76. Nadie se acordó de la Ford de mi viejo, “el huaso móvil”, ahora era la Ford del Francisco, cool, moderna, reciclada, sustentable… Juraría que era la misma, debería anotar la patente y mirar al registro civil o la notaria o donde sea que se vea ese registro.

 

 

Fotografía de cabecera (cc) por:  Chad Horwedel