Sencillez

 

 

Cuando se habla de sustentabilidad, de equilibrio con el entorno, de decrecimiento, muchos piensan que la propuesta es volver al mundo de nuestros abuelos. Pero si bien ese modelo era más equilibrado que el nuestro, es muy posible que tampoco fuera funcional para siete mil millones de personas. Es más, muchos modelos de sociedad nativas de América han sido tomados como ejemplos, sin embargo funcionaban porque la cantidad de habitantes era poca en relación a la cantidad de recursos disponibles.

Es ahora, solamente ahora, que contamos por primera vez en la historia con la tecnología y la consciencia planetaria para poder dar el gran salto de la sustentabilidad: De alimentar a todos los humanos respetando a todos los animales y vegetales.

Mi hermana me preguntaba: ¿Cómo vas a lograr que la mayoría de las personas renuncien a la comodidad que han adquirido? Eso es una ilusión. Primero: porque cambiar a un modelo más sustentable no implica perder muchas comodidades, significa bajar el nivel de consumo y de desecho.

Y segundo: No es la mayoría: mil millones de personas en el mundo están desnutridas, es decir su nivel de consumo ni siquiera alcanza para alimentarlas. Tres mil millones (incluyendo a los anteriores) viven bajo la línea de la pobreza, es decir, viven con menos de dos dolares diarios. Ellos no son los que están agotando los recursos del mundo.

Solo un cinco por ciento de la población mundial vive con el nivel de consumo y desecho que está generando el daño a todos.

De hecho, si tu puedes comer tres raciones de alimento al día, tienes techo, abrigo y pudiste acceder a la educación superior, ya perteneces al diez por ciento más acomodado del planeta.

Un profesor me enseño que nunca hay que llamar a los pobres «humildes». Es una ofenza. La humildad es una opción, la pobreza una condena.

Me maravilló, que durante la cumbre de Rio+20 terminada hace poco, un presidente latinoamericano hablo sobre lo esencial: Sobre la felicidad. José «pepe» Mujíca, un ejemplo que lleva a la práctica lo que nos decía Ghandi

 

«Tenemos que aprender a vivir más simplemente, para que los otros, simplemente, puedan vivir»

— Mahatma Gandhi

 

 

Y lo que dice el hombre no es de la boca para afuera:

Vive en su chacra de las afueras de Montevideo, en Rincón del Cerro, tal como había prometido. Lo rodea su esposa, la senadora Lucía Topolansky, la inseparable perra Manuela -nada de raza, nada de abolengo canino-, sus cultivos y mucho verde. Eligió para quedarse el lugar en el mundo que encontró hace años y le atrapó.

Desde allí dona a fondos de ayuda social un 90% de su salario, establecido en unos 12.500 dólares americanos. Cada mes, Pepe Mujica recibe 250.000 pesos por su tarea como presidente del Uruguay y comandante en jefe, pero de allí solo rescata para su manutención mensual unos 20.000 pesos. El resto se distribuye desde el Fondo Raúl Sendic, que administra su fuerza política, el Movimiento de Participación Popular, que ayuda a emprendimientos productivos hasta simples colaboraciones, y oenegés que colaboran con viviendas. Dice a los cuatro vientos que «con ese dinero me alcanza, y me tiene que alcanzar porque hay otros uruguayos que viven con mucho menos».

JUBILACIÓN PRESIDENCIAL. Es el mismo que propone donar las jubilaciones presidenciales -esas astronómicas cifras que permanecen cobrando los expresidentes constitucionales del país- y el mismo que utiliza un simple Chevrolet Corsa como vehículo de transporte oficial.

A muchos años de la moto Vespa que utilizó para llegar al Parlamento a la salida de la dictadura, ya ungido como diputado, Mujica ha mantenido su perfil. Más acicalado que en épocas de proselitismo político, igualmente el protocolo es algo bien alejado de sus intenciones habituales.

Sin seguridad, sin eufemismos, Mujica brindó una sencilla charla de aliento a los futbolistas que participan en el torneo de la Segunda División Profesional… aferrado a la tapa del inodoro recién adquirida.

De repente un Volkswagen Fusca, celeste, muy bien conservado, llegó a estacionarse frente al gimnasio del club.

DE PATRIMONIO UN FUSCA. Ya de regreso a su chacra -esa finca que a lo lejos es custodiada por efímeros policías aceptados a regañadientes por el mandatario uruguayo- Mujica continúa con su día. Revisa la tierra, mientras declara su auto VW Fusca como único patrimonio, valorado en 1.945 dólares. De acuerdo a la última declaración jurada que presentó a la Junta de Transparencia y Ética Pública, Mujica solo es dueño de este coche, mientras la chacra figura a nombre de la primera dama y senadora Topolansky, la cual también dona parte de su salario.

Sin cuentas bancarias, sin deudas, el hombre dice dormir tranquilo, y asegura que espera culminar su mandato para descansar, más tranquilo aún, en su chacra de Rincón del Cerro.

Fuente: ultimahora.com

Por ahí alguien decía que Mujíca es el presidente más pobre, yo creo lo contrario, y recuerdo el caso de Chile, y  me resuena el epitafio que Hernán Rivera Letelier le escribió a Sebastián Piñera:

«Aquí yace Sebastián Piñera Echenique, quien nació pobre, vivió pobre y murió pobre, y lo único que tuvo en su vida fue dinero».

 

Fotografía de cabecera (cc) por: victor_nuno