Tengo que reconocer que me molesta la protesta contra las personas carnívoras, aunque en realidad lo correcto es decir omnívoras, ya que no solo comemos carne.
Y el ataque no me molesta porque yo sea uno de ellos, porque hay cientos de razones para no comer carne: Es tóxica, su producción requiere de la devastación de bosques y es muy poco eficiente respecto a los cultivos vegetales, requiere de un montón de energía para su digestión, se pudre en el intestino, etc, etc. Hay muchas razones.
Lo que me molesta es el argumento de «los animales sienten». Me parece que es un argumento muy simplista, porque se sustenta en la premisa de una empatía casi infantil de: «solo entiendo a los que son iguales a mi». A partir de esa premisa se dirá que los vegetales no tienen sistema nervioso central o cosas como esa, que tratan de encajar en conocimiento científico algo tan impalpable como es el sufrimiento. Yo por mi parte diré otro ejemplo: Al contrario, como una lechuga no tiene sistema nervioso central, cada una de sus células sentirá dolor hasta que termines de digerirla.
El punto para mi es muy sencillo: Se trata de asumir la realidad de que cada acto de la vida daña a otro ser vivo. Cuando respiras estás matando microorganismos, cada vez que te tomas una vitamina C estás fortaleciendo tu sistema inmunológico para que sea más eficiente matando a los seres vivos que quieren alimentarse de ti. El solo hecho de comer un tomate, aunque lo hayas plantado en tu jardín, significa alejar a otros seres vivos que desean comérselo. Para mi el asunto se trata de asumir que uno es parte del mal. Por eso me gusta esta frase.
“Tú mismo eres parte del mal, o no estarías vivo. Cada cosa que haces es mala para alguien. Y esa es una de las ironías de la creación”
— Joseph Campbell.
Fotografía cabecera (cc) de: Javier Volcan