Imagenes que dañan

 

 

Yo he tenido acceso a Internet desde pequeño, desde el año noventa del siglo pasado, y gracias a eso a muy temprana edad comprendí que hay que tener cuidado con lo que uno ve. No hay forma de deshacerse de una imagen que daña. No hay como sacarla de tu cerebro. . Si de alguna forma somos una mezcla de toda la información que hemos recibido, entonces hay que tener cuidado

 

El Censurador de Google

Escrito por mi y publicado originalmente en Agosto del 2012 en C.U.V.A.

Siempre me ha llamado la atención la figura del «censurador», que me recuerda la canción «El señor tijeras» de Sui Generis. Ese personaje que se expone a las inmoralidades para protegernos, lo cual me parecía simplemente ridículo, ya que en general mis recuerdos de censura vienen de la época de la dictadura y por lo tanto consistía en que algún libro o película fueron prohibidos por contener desnudos o ideas que les parecían inmorales a los censuradores, por el contenido anti religioso o por miradas políticas diferentes a las impuestas en el país.

Incluso recuerdo la historia de un individuo que era el encargado de censurar los libros que todas las universidades pedían al extranjero durante la dictadura. ¡Imagínense! Un solo hombre que leía todos los libros (o por lo menos esto intentaba en un principio) para las bibliotecas universitarias.

Sin embargo, dentro de los extraños trabajos derivados de la red se encuentra el caso del empleado de Google que tenia el desagradable papel de ser un censurador. Es aquí donde el rol de censurador ha tomado un nuevo significado para mi. Porque cuando hablábamos de ver un par de desnudos o la trasgresión de ideas religiosas el trabajo suena divertido, pero cuando tu rol consiste en evitar los contenidos indeseables en la red de Google la tarea se vuelve un poco más difícil.

Porque Google en general es bastante amplio y no tiene problemas en mostrar desnudos o cualquier tipo de idea, por más aberrante que nos parezca, sin embargo hay limites éticos, morales y legales que el buscador y sus servicios respetan.

Por ello, cuando el sujeto aceptó el trabajo no sabía bien en lo que se estaba metiendo cuando le dijeron que tenia que cuidar «el contenido sensible de Internet»: Doce horas diarias de mirar pornografía infantíl, asesinatos, necrofilia y en resumen, las peores cosas imaginables.

Lamentablemente, el cargo no incluía apoyo psicológico ni de ningún tipo, por lo que el sujeto se dio cuenta tardíamente de que necesitaba algún tipo de terapia para enfrentar la situación.

Su caso no es único, ya que inevitablemente se requiere de un margen de control en los videos, fotos y contenidos varios que las personas exponen en la red. No con el afán de prohibirlos, que es otra discusión, pero si de que estén claramente marcados para que nadie se encuentre con sorpresas.

Desde hoy, ya no odio a los censuradores (por lo menos los de este tipo) y les doy gracias, ya que no hay forma de des-ver algo que uno encontró en Internet.

Saludos,

J. Cristóbal Juffe V.

Fuentes:

La noticia la encontré en FayerWayer


y ellos la tomaron de BuzzFeed (original en Inglés)

 

 

Fotografía de cabecera (cc) por: PictFactory