Aguas en Chile: La privatización de la vida

 

Situación común: Uno habla de los problemas relacionados con el agua y alguien contestará: ¿Problemas con el agua? ¡Pero si el planeta está lleno de agua!. Como explicar…

Este es un artículo un poco antiguo pero que justamente abarca este tema. Además, ultimamente he estado colaborando con el sitio de la Coordinadora por la defensa del agua y la vida, y ahí hay un excelente mapa de los conflictos por el agua en Chile, que los invito a visitar.

 

Aguas en Chile: La privatización de la vida

Publicado originalmente en Julio de 2011 en la edición impresa de Revista Somos

En las protestas contra HidroAysén habitualmente se escuchó el grito “¡Piñera, entiende, el agua no se vende!” lo que llena de tristeza y rabia, ya que el agua no solo se vendió, sino que se regaló, a un puñado de empresarios, hace más de veinte años.

Por J. Cristóbal Juffe V.

Para mí, en la infancia, existían solo dos formas de acceso al agua potable: la primera, la más cotidiana, era el natural acto de abrir la llave y tomar toda el agua que quisiera, sin necesidad de limitar mi consumo de ninguna manera. Incluso, con toda naturalidad, hasta el día de hoy, puedo tirar la cadena del inodoro y gastar más de veinte litros sólo para eliminar mi orina.

En gran parte de nuestro país podemos vivir con la sensación de que el agua es un recurso ilimitado y que sólo basta con abrir la llave para acceder a ella, ya que es un servicio que provee una empresa, y que depende de las leyes del mercado y del funcionamiento de la planta de tratamiento, que no tiene nada que ver con lo que pasa en “la naturaleza”.

La segunda forma que conocía de tener agua era una más esporádica, que solo veía en los paseos a la montaña, donde el agua de vertiente brota desde la tierra de forma generosa con sus cualidades más puras, que hacían que beber ese líquido fuera un refrescante placer. Ahí podía ver el agua en uno de sus entornos naturales, que por las características de la región en que vivo, también parecía -a simple vista- un recurso inagotable: Por mucho que yo bebiera, el agua no iba a dejar de salir.

Sin embargo, cuando tuve la oportunidad de viajar a Cuzco, Perú, y ver las grandes obras incaicas, conocí una tercera manera, una mezcla entre el sistema natural y el “agua empresarial”. Los incas se encargaron de hacer grandes obras para asegurar “a perpetuidad” el suministro de agua. Y ahí pude ver, a sólo metros de la ciudad, cómo el agua brotaba espontáneamente de los canales, sin que nadie tuviera que pagar un solo peso, sin que ninguna compañía tuviera que procesar el agua y sin que nadie tuviera que hacer nada.

Ahí me di cuenta de la diferencia que existe en reconocer el agua como un bien de consumo o como un derecho vital. Los incas no se encargaron de crear un nicho de mercado que dependiera de ellos; por el contrario, se preocuparon de que el agua estuviera ahí, limpia, disponible, potable, incluso siglos después de que (trágicamente) dejaron de habitar sus ciudades.

Agua esencial

“Cuando hayas talado el último árbol,
cuando hayas matado el último animal,
cuando hayas contaminado el último río,
te darás cuenta de que el dinero no se come”.
– Indios Cris de Canadá.

Cualquiera lo sabe, el agua es imprescindible para la vida en el planeta, es el articulador de los ecosistemas y es un recurso finito, aunque parezca inagotable. Si bien más del sesenta por ciento de la superficie terrestre está cubierta con agua, solo un cero coma setenta y cuatro por ciento del agua es dulce y se encuentra disponible en los ecosistemas para gran parte de los seres vivos terrestres. Y la situación es más extrema aún: solo un cero coma cero cero siete por siento de los recursos hídricos se encuentra a disposición para el consumo humano directo. Y el porcentaje va disminuyendo.

Por eso mismo, muchos piensan que el acceso al agua será un problema en el futuro, sin ver que ya lo es, y lo ha sido: Sólo entre los años 1948 y 2002 se registraron quinientos siete conflictos relacionados con el agua, de los cuales treinta y siente fueron de carácter violento y veintiún de ellos tuvieron intervenciones militares. En la actualidad, el cálculo estimado es que existen alrededor de seiscientos cuarenta conflictos por el acceso al agua en todo el mundo. Según la Unesco, alrededor del veinte por ciento de la población mundial carece hoy de agua apta para el consumo, ya que el 12% de los habitantes del planeta controla el ochenta por ciento del total del agua utilizada.

Entonces, el agua debería ser un recurso bien cuidado y protegido, sobre todo considerando que Chile es un país beneficiado al respecto por sus múltiples fuentes y reservas de agua dulce. La mirada del agua como un derecho humano fundamental debiera estar plasmada en nuestras leyes para asegurar nuestra subsistencia, pero ¿es así realmente?

El agua y sus leyes

En primer lugar, en nuestro país el agua es definida como “un bien de uso público”, lo que suena muy coherente, ya que todos necesitamos agua para vivir. Pero el asunto no termina ahí: en los años ’80, durante la dictadura militar, también se definió legalmente el agua como “un bien económico”, pasando Chile a ser el primer país en convertir las fuentes de agua en un elemento privatizable en su uso, separando los derechos de propiedad de la tierra de los derechos de uso del agua.

Entonces, una vez que se definió como un bien económico, ¿cómo se distribuyó este bien? Lo más lógico habría sido repartirlo gratuitamente de forma equitativa entre los propietarios de las tierras a las cuales alimentaban las fuente de agua superficial. O que se hubieran vendido para generar recursos económicos para el país y, a su vez, incentivar la creación de un mercado de aguas.

Pero no fue así, los derechos de agua fueron regalados, pero no de forma equitativa, ya que la gran mayoría de la población no se enteró de este proceso, y fue solo un puñado de grandes empresarios los que reclamaron y se apropiaron gratuitamente del gran porcentaje de las aguas, tanto a nivel superficial como de napas subterráneas. Solo como ejemplo: Tres empresas tienen el derecho de uso del noventa por ciento de los ríos de Chile.

De esta forma, el uso de los recursos hídricos es el único que no contempla ningún tipo de royalty, es gratuito y a perpetuidad, no teniendo el titular la obligación de explicitar cómo y cuándo usará el agua, pudiendo cambiar -sin control- la forma de uso, manteniendo el derecho de forma indefinida aunque no lo use.

Problema local y mundial

Sin embargo, a estas alturas Chile no es el único país que sufre de las consecuencias de la privatización de sus derechos de agua. Alrededor de un cinco por ciento de la población mundial se encuentra bajo estas condiciones, que han sido promovidas por organismos como el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional (FMI). Este último, solo en el año 2000 condicionó préstamos de dinero a países en situaciones extrema de pobreza como Angola, Benin, Guinea-Bissau, Honduras, Nicaragua, Nigeria, Panamá, Ruanda, Santo Tomas y Príncipe, Senegal, Tanzania y Yemen, bajo el requisito de que estas naciones privatizaran su agua. Situación curiosa, si se considera que el FMI fue creado después de la Segunda Guerra Mundial para promover políticas sostenibles y reducir la pobreza a nivel mundial.

De esta forma, a nivel mundial, el setenta por ciento del mercado de aguas es manejado por dos grandes compañías: Vivendi y La Suez Lyonnaise. Esta última posee también un porcentaje importante de los derechos de agua en Chile, siendo dueña de Aguas Andinas. Siguiendo este ejemplo, otras empresas conocidas por su abuso hacia los consumidores, como Bechtel y Monsanto, buscan privatizar el agua en varios países como India y México.

Vulnerabilidad

La privatización de las aguas conlleva múltiples problemas, ya que utiliza el agua, que es un elemento vital para la vida, como un bien de consumo más, provocando un choque entre los intereses de lo que debiera ser un servicio público, garantizando el acceso igualitario y a precios razonables, contra los de la empresa privada, cuyo objetivo principal es la maximización de las ganancias.

Sin embargo, a mi parecer, el hecho de que un elemento esencial como el agua pase a ser regido por las leyes del mercado en vez de ser controlado por organizaciones que velen por el bien común, provoca que el uso prioritario quede sujeto a las leyes de la oferta y la demanda, por lo que el día de mañana (o quizás el mismo día de hoy), si alguien ofrece más dinero que nosotros por este preciado bien, puede dejarnos sin agua. Si la minería paga mejor, los usuarios se pueden quedar sin agua. Si algún país con más dinero se queda sin agua, basta con que haga una oferta de dinero suficientemente buena para que nuestro derecho a la subsistencia se vea amenazado.

Por lo tanto, el código de aguas que rige en la actualidad tiene principios altamente vulnerables, que van en contra de la capacidad autónoma de nuestro propio Estado, dejándonos no solo a merced de las cambiantes condiciones de la naturaleza -que pueden provocar que este año llueva más o sea de sequía-, sino que nos expone a las riesgosas y más cambiantes aún condiciones del mercado, donde nuestro país -lo sabemos claramente- está bastante lejos de ser una potencia económica.

El camino del agua

Por ahí se dice que el agua siempre encuentra su camino; ojalá sea cierto. Lo real es que el agua utilizable comienza a escasear en el planeta, la demanda per cápita aumenta y no tenemos leyes que nos protejan. Por suerte, las leyes las hacemos nosotros, y nosotros podemos cambiarlas. En nuestro país, se está tomando consciencia de ello, y las masivas protestas contra HidroAysén y otras centrales, contra proyectos mineros y termoeléctricas son una expresión de ello. También existe la Coordinadora por la Defensa del Agua y la Vida, que busca reivindicar el agua como un derecho humano dentro de la agenda política. Para asegurar nuestro derecho al agua, tenemos que tomar medidas hoy. Infórmate. Organízate. Exprésate.

 

Recuadro Uno:

La privatización de la lluviaEn 1999, por presión del Banco Mundial, Bolivia modificó su legislación para permitir la privatización del uso de aguas, lo que se instauró de forma más dramática en la ciudad de Cochabamba, donde la empresa “Aguas de Tunari” incluso prohibía a los ciudadanos recolectar las aguas de lluvia.

Así, los precios subieron a tal nivel que muchas familias se vieron obligadas a dejar de enviar a sus hijos a la escuela para pagar las cuentas de agua. Incluso las personas fueron despojadas de sus viviendas para pagar esas cuentas.

Pero el pueblo reaccionó: Múltiples manifestaciones ciudadanas, conocidas como “La guerra del agua”, provocaron que finalmente los ejecutivos de la empresa de aguas tuvieron que abandonar el país, por lo que el derecho de aguas volvió a ser una garantía para los habitantes de Cochabamba y la ley que había permitido dicha atrocidad fue eliminada.

Recuadro Dos:

La huella del agua Al igual que la huella de carbono, cada producto que consumimos tiene una “huella” de agua, calculada en la cantidad de litros que se utilizaron en sus distintas fases de producción y distribución hasta llegar a nuestras manos. Como el agua es un recurso limitado, es importante saber cuánta agua estamos consumiendo, más allá de la que bebemos y de la que lanzamos a la alcantarilla. Aquí algunos ejemplos:

  • Una manzana: siete litros de agua
  • Una hoja de papel tamaño carta: Diez litros
  • Un vaso de cerveza: Setenta y cinco litros
  • Una copa de vino: Ciento veinte litros
  • Una taza de café: Ciento cuarenta litros
  • Un huevo de gallina: Doscientos litros
  • Un kilo de maíz: Novecientos litros
  • Un litro de leche: Mil litros
  • Un kilo de pan: Mil trecientos litros
  • Un kilo de azúcar: Mil quinientos litros
  • Un kilo de poroto de soya: Mil ochocientos litros
  • Una hamburguesa (sándwich): Dos mil cuatrocientos litros
  • Una camiseta de algodón: Dos mil setencientos litros
  • Un kilo de arroz: Tres mil cuatrocientos litros
  • Un kilo de carne de pollo: Tres mil novecientos litros
  • Un kilo de carne de cerdo: Cuatro mil ochocientos litros
  • Un kilo de queso: Cinco mil litros
  • Un kilo de carne de vacuno: Quince mil quinientos litros

Fuente:
Water Footprint Network
http://www.waterfootprint.org/

 

Fuente de los datos:

  • “Recursos Hídricos en Chile: Desafíos para la Sustentabilidad”, programa Chile Sustentable.
  • “La privatización y mercantilización de las aguas: Normas y regulaciones que rigen al sector sanitario. Dificultades y desafíos”, Nancy Matus
  • “Contra la privatización del agua”, Íñigo Herraiz
  • “Agua: Agitado Día Mundial en Chile”, Roberto Bruna, publicado en Terra.cl el 22/Mar/2011.

 

Fotografía de cabecera (cc) por:  el Buho nº30