¿Es posible consumir con consciencia?

 

Durante estas fechas es imposible no cuestionarse -aunque sea por un breve momento al ver las hordas de personas invadiendo las tiendas en busca de cualquier objeto que sirva como regalo- nuestro nivel de consumo.

Esta es una nota antigua pero siempre vigente al respecto

 

¿Es posible consumir con consciencia?

Escrito por mi y publicado originalmente en Diciembre de 2010 en Revista Somos

“Comprar, comprar, que el mundo se va a acabar” pareciera ser, desde hace más de medio siglo, la única consigna en Navidad. Sin embargo, nuestros regalos no surgen de la nada, tienen una historia y tienen un costo más allá del precio que pagamos. Esta es una breve introducción a los efectos de la compra compulsiva.

Por J. Cristóbal Juffe Vega

«No puede haber una sociedad floreciente y feliz cuando la mayor parte de sus miembros son pobres y desdichados»

– Adam Smith, economista y filósofo escocés

Diciembre, mes de Navidad, época en que expresamos el amor a quienes amamos a través de obsequios que, cada día más, son productos de consumo en vez de elaboraciones propias.

Cada vez más también, tenemos la increíble oportunidad de comprar productos progresivamente más baratos y más desechables. Pero, al tener en tus manos un robot con luces y sonidos por solo mil pesos, ¿no te has preguntado cómo es posible que un producto sea tan barato?, ¿acaso por esos mil pesos pagas siquiera el transporte del juguete desde su país de origen? Para esas interrogantes hay una respuesta y la llaman sutilmente: Externalización de costos.

Quiénes pagan por tus regalos

“Externalización de costos” es un eufemismo para decir que otras personas pagarán el precio de los regalos que tú estás comprando, porque claramente esos gastos no los asumirá la empresa que lo fabrica, ya que de seguro es una corporación que tiene como único objetivo su crecimiento económico. Por lo tanto, el precio será pagado por terceros. ¿Quiénes son esos terceros y de qué forma lo pagan?

* En la extracción de las materias primas: El costo lo pagarán empleados con salarios muy bajos y que, en muchos casos, son menores de edad, que para mantener a sus familias asumirán el precio de no recibir educación y tomarán el riesgo de exponerse a situaciones precarias de trabajo, deteriorando su salud y reduciendo sus expectativas de vida, a la vez que a menudo serán víctimas de conflictos bélicos por la apropiación de los recursos, como en el caso del petróleo y el coltán (que suma más de 5,5 millones de víctimas y es usado en casi todos nuestros artefactos electrónicos). Además, para aumentar la eficiencia económica de la extracción no se tomarán medidas para cuidar el medioambiente, destruyendo -en la gran mayoría de los casos- los ecosistemas desde los cuales se extraen los ingredientes de nuestros regalos navideños.

* En la producción: En las zonas libres de impuestos que los países del Tercer Mundo ponen a disposición de las grandes fábricas para atraer trabajo a sus comunidades, los trabajadores pagarán por tus regalos renunciando a su dignidad y a todos los logros sindicales de los últimos siglos, exponiéndose a situaciones consideradas de “trabajo esclavo”: Vivir en las fabricas, trabajar meses enteros sin descanso ni medidas mínimas de seguridad, exposición a controles denigrantes como el chequeo de las empleadas para comprobar si cada mes tienen su menstruación, ya que las empresas no aceptan mujeres embarazadas, junto con incontables otras medidas de este nivel de tiranía.

* En el trasporte: Las múltiples partes de nuestros productos son fabricadas en diferentes países del mundo para finalmente ser ensambladas en algún país, por lo general lejano del nuestro. Para llegar a nuestras manos a bajos costos es necesario transportarlos de la forma más económica posible, y eso siempre conlleva los medios más contaminantes. Por lo tanto, todos pagamos el precio con el deterioro de la calidad de vida en el planeta.

* En la comercialización: Para que los precios se mantengan bajos y las tiendas funcionen el mayor tiempo posible, es necesario que a los empleados se les pague poco. Muy poco. Así, el vendedor detrás del mostrador está pagando por tus productos renunciando a sus beneficios laborales, sacrificando su derecho a pensión y salud trabajando sin un contrato justo, por lo tanto está sacrificando la posibilidad de tener una vejez digna. Además, a todos nos gusta la posibilidad de poder comprar un regalo a último minuto, lo que significa que ese trabajador también está renunciando a la posibilidad de celebrar tranquilamente la Navidad junto a su familia, a la vez que se ve obligado a trabajar en turnos de noche, de fin de semana e incluso feriados, sin tener derecho a vacaciones en muchos casos.

* Cuando usted bote a la basura los regalos de poca duración que le dieron: Todos los desechos irán a dar a sectores de pobreza, donde luego personas sin recursos estarán expuestas a los tóxicos que contaminarán su agua y su aire. En el caso de la basura electrónica es posible que sea exportada a países donde trabajadores se exponen a los tóxicos compuestos para poder reutilizar algunos de sus componentes electrónicos.

Construyendo la destrucción

Recuerdo un chiste de Quino, donde frente a una fábrica (con apariencia de central termoeléctrica) aparece un letrero que dice: “Seguimos construyendo la destrucción del futuro (rogamos disculpar las molestias)”, recordándonos que nuestra concepción actual de progreso está intrínsecamente ligada a la destrucción. ¿Por qué ocurre esto? Es una base muy simple: usamos un sistema limitado, nuestro planeta, como si fuera un recurso infinito. Nuestra economía se basa en el crecimiento económico, índice que solo se considera positivo si cada mes, cada año se consume más que el anterior. Eso es lo que mide el PIB, guía para los políticos y economistas.

Nuestra economía se basa en la depredación, en el supuesto de que los recursos no se acabarán nunca. Pero ya sabemos que se acabarán, tenemos toneladas de información, miles de escenarios a nivel mundial donde el agotamiento ya se ha producido. No podemos ignorarlo, y no es posible esperar a que las corporaciones comerciales cambien su ética, porque no la tienen; por ley tienen solo un principio: aumentar sus ganancias.

Por lo tanto, el cambio solo queda en las manos de una persona: En ti.

Hay quienes han acuñado el término “tiranía intergeneracional” para nuestro comportamiento, ya que nuestra depredación casi no nos afecta directamente, pero afectará de forma macabra a nuestros hijos y a nuestros nietos. Al regalar ese pequeño robot con luces y sonidos por mil pesos a nuestro hijo, le estamos dando un día de entretención a cambio de una adultez de miseria. No podemos seguir regalando basura, la gran mayoría (cerca del noventa por ciento) de los objetos que compramos terminan en la basura en menos de seis meses. Por suerte, hay alternativas, es necesario un cambio de comportamiento: Debemos pasar de la compra compulsiva al consumo consciente.

Regalar experiencias

En primer lugar, es necesario recordar el sentido de las celebraciones: la expresión de cariño a nuestros seres queridos. ¿Es cariñoso regalarle a un niño un juguete que está destruyendo su medio ambiente a veinte años plazo? ¿Es cariñoso regalar el fruto de la esclavitud, del dolor? Si le preguntas a cualquier persona cuáles son los momentos más felices de su vida, al mirar en retrospectiva, de seguro obtendrás una respuesta que no tiene nada que ver con el consumo de objetos, sino más bien con experiencias vividas con gente querida. Por eso la propuesta es: Regala experiencias.

Aquí propongo algunos ejemplos de regalos amigables con el medio ambiente, con la economía local y con quien lo recibe:

* Regalos intangibles: Obséquiale a tu esposo un curso de cata de vinos; a tu esposa, una sesión de spa. Hay muchos regalos intangibles disponibles: una inscripción a un gimnasio, entradas al teatro, un paquete de entradas para el cine o a un recital, una invitación a comer contigo o a tus padres una invitación a una cena romántica para ellos dos solos, un vale por un paseo a la playa por el día, un picnic en el parque, a tomar un helado, una subscripción a un servicio web (como grooveshark o megaupload), un disco para descargar (en sitios chilenos como portaldisc.cl), una sesión de masajes o de cualquiera de las terapias que podrás encontrar en los mismos anuncios o agenda de esta revista.

* Regalos semi-tangibles: Si bien son objetos, son elementos que tienen una gran dosis intangible, como una suscripción a una revista (como Somos), a un periódico, a un diario, o simplemente un libro. Es más, puedes tomar los libros viejos abandonados en la repisa y cambiarlos por un libro nuevo para regalar (en ciudadletrada.cl por ejemplo).

* Regalos tangibles, pero conscientes: No todos los objetos son nocivos, existen múltiples elementos amigables con el ambiente y las personas, por ejemplo: objetos artesanales (realmente artesanales, que impulsen el crecimiento local), obras de arte, objetos usados, (ya que si bien pueden haber sido producidos en condiciones poco amigables para el planeta, al reutilizarlos estamos equilibrando la balanza) o, si quieres ayudar a una mejor alimentación de tu familia, apoyando a la agricultura orgánica al regalar una suscripción semanal a canastas de verduras orgánicas.

Estos son solo algunas ideas de regalos, de diferentes precios y para múltiples públicos, pero el asunto de fondo es hacernos responsables de que somos habitantes de un planeta finito, limitado, y que a pesar de que nos ha entregado todo lo que tenemos, no hemos sido conscientes con su equilibrio.

La invitación para esta Navidad es a la consciencia, no solo en el consumo, sino con los sólidos lazos que nos unen con nuestra familia, amigos, comunidad, con la raza humana, con los animales, los vegetales, los minerales y con el planeta entero en su conjunto. Que nuestros regalos sean realmente regalos para todos.

 

Recuadro Uno: Diez preguntas que debemos hacernos antes de comprar

Para practicar el consumo consciente es importante hacernos estas simples preguntas antes de comprar:

¿Realmente lo necesito?
¿No hay forma de remplazarlo reutilizando algo que ya tengo en mi hogar?
¿Dónde fue fabricado?
¿Cuántos kilómetros ha viajado?
¿Puedo conseguir el mismo producto o equivalente en el mercado local?
¿Existe una versión reciclada del mismo objeto?
¿Podré encontrar una versión del tipo “hágalo usted mismo”?
¿Cuánta basura genera la forma en que está empaquetado?
¿Existe una versión más ecológica de este producto?
¿Qué pasará con el producto cuando haya terminado su vida útil?

Recuadro Dos: Las cosas ya no son como las de antes

Es habitual que nos encontremos con que los objetos, incluso los más costosos, duran cada vez menos. Esto no es casual, es un concepto que se trabaja en diseño desde hace muchos años, se llama “Obsolescencia programada” y consiste en que un producto o servicio deja de funcionar después de un periodo de tiempo planificado por el fabricante. La gracia (para el mercado) está en que ese periodo no sea demasiado corto, de manera que el comprador no pierda la confianza en la marca, ni demasiado largo, para que el consumidor vuelva a pagar por un producto que ya compró.

Recuadro Tres:  La moda al día

No es raro encontrar en la basura ropa en perfectas condiciones o artículos electrónicos que aún funcionan (como los monitores y televisores que no son LCD). Esto se debe a otro interesante concepto del diseño llamado “Obsolescencia percibida” y se trata nada menos que de la moda. Es decir, cada año se generan nuevas líneas de diseño para ropa y artículos electrónicos de forma que las cosas antiguas (¡de más de un año!) parezcan obsoletas, para que a todos los que lo vean les quede claro que es un objeto que no fue comprado en esta temporada.

 

Fotografía de cabecera (cc) por:  SalFalko